La tipología humana y el libre mercado

Un gobernante que intenta abolir la propiedad privada, comete los mismos errores que el comunismo utópico que expropiaba empresas para dejarlas en manos de obreros que no tenían conocimientos de administrar una organización empresarial. Los países con ideas socialistas fracasaron porque coartaban las capacidades creativas y el dinamismo de su propia gente; la escasez de talentos y la nula motivación a emprender, arrastraron a esos países al letargo y a la decadencia, el estado con su precariedad trataba de cubrir la necesidades más básicas de la población, no permitiendo a su miembros a tomar sus propias iniciativas, por ello que nadie se esforzaba para progresar, ya que el aparato estatal, negligentemente subvaloraba su capital humano, estancando y obstruyendo la creatividad emprendedora.

Sin embargo, los idealistas de izquierda aún tienen una imagen idealizada de los individuos; la premisa es y era que el hombre por naturaleza era perfecto, por lo que carecía de egoísmo y de avidez, en orden de que no estaría interesado en posesiones y que podría vivir en comunidad sin despertar codicia, ni ambición. Sin embargo, la naturaleza humana se caracteriza por su dualidad, por ello que no existe ese hombre ideal. Es más, existen diferentes tipologías de individuos, aquellos que ven en su trabajo como un factor motivador para la superación, los que solo trabajan para sobrevivir y otros que detestan y les desagrada trabajar y que prioriza el ocio y la diversión. En este contexto encontramos también la tipología, que construye obras para el bienestar social, pero también hay cultura que destruye mediante las guerras y luego ayuda a reconstruir parte de las obras, aspirando así imponer y propagar sus principios y valores a otras culturas, hay otros grupos de individuos que solo destruyen sin motivo algunos, anarquistas.

Por esta razón el sistema libre mercado encarna mucho mejor a la tipología imperfecta. La imagen idealizada del sistema dirigido por el estado ha fracasado, dado que se sostenía en premisas equivocadas respecto al individuo, aparte de no estimula la iniciativa propia, no compensa el éxito, ni sanciona los fracasos.

Los países que tuvieron estadistas talentosos se dieron cuenta de esta dualidad y combinaron estos tipos de sistemas económicos realizando grandes logros y progresos en su sistema social. Ellos supieron aprovechar y controlar el espíritu emprendedor y el dinamismo de algunos individuos, que se orientan al poder, al logro y a la excelencia. No todas las personas tienen estas habilidades, ya que estos rasgos están normalmente ligados a la personalidad de algunos individuos o bien son aprendidos e influidos por culturas que fomentan líderes transformadores que se orientan a satisfacer necesidades superiores.

Cualquier régimen que coarte la competitividad de los individuos, restrinja la capacidad de la naturaleza humana, ya sea porque no comparten sus ideas políticas, comete un grave error. Por lo tanto, el sentido común clama, que es conveniente, y razonable hacerlo partícipe de los desafíos del emprendimiento. Una vez que los estadistas emergentes comprendan estos conceptos, podrán sacar provecho del potencial que está muy proclive a perderse, cuando se intenta gobernar mayormente mediante criterios políticos e ideólogizados, que con criterios técnicos y política real, orientado a la práctica.

El estadista genuino debe saber persuadir, seducir, convencer, y saber transmitir sus visiones, aglutinando todas las fuerzas posibles. Las personas humildes, la que se caracterizan por ser numerosas, contribuyen a darle legitimidad al estadista mediante su voto, no obstante, el líder genuino no podrá prescindir de aquel grupo minoritario que está dotado de conocimientos y experticias, aquellos que pueden resolver problemas complejos del entorno. Este grupo se encuentra casi siempre en los grupos sociales más acomodados, el desafío es entonces de seducir a ese grupo selecto, para que ponga a disposición su know how, con el fin de materializar la visión.

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